
Nadie es indispensable en ningún trabajo o posición. Cuando un puesto o lugar queda vancante, sobra quien lo llegue a ocupar, y es mejor que eso se haga rápido por el bien de todos.
A ver, sí, la crisis, la crisis musical, la crisis mundial, la crisis en la industria, muy brevemente la crisis: cambio, diligencia, prontitud, rapidez, frecuencia, olvido, trabajo, amor. Fin. Anda, ¡si sabemos hilar palabras para llenar párrafos!
No es que estemos hartos de hablar -y de leer- sobre el nuevo paradigma de la industria musical y el no retorno a épocas doradas con esa gramática relamida, no, es que estamos hasta el rabo de la boina. Como si a nosotros el desbarajuste de las majors y sus filiales, con su tinglado de paja, nos importara lo más mínimo. ¿Es una putada? Pues sí, pero es que la casa era de paja. No como la de Alejandro Sanz, claro (esta muletilla, más que cansina, ya casi pertenece al refranero popular, como si la casa de este señor en Miami fuera aplicable a expresiones del tipo “Más se perdió en Roma“).
Por todo esto nos emocionamos cuando de tanto en tanto, y en tiempos difíciles, alguien viene y te dice: “mira, es que tengo propuestas, que a lo mejor no son soluciones, pero las tengo y las voy a poner en práctica“. Alguien como los fundadores de Nueva Monarquía, un híbrido entre Sellaband y Marxophone (dicho mal y pronto).
Nueva Monarquía es un nuevo sello discográfico -porque ellos se autodenominan así, y por llamarles de alguna forma-, de naturaleza evolutiva. Renuevan la ecuación de toda la vida y le añaden una “nueva” incógnita, la del público. Este entra en escena como parte del proceso creador del disco empezando por su grabación, o dicho de otra forma, nada que ver con casposos anzuelos como el pre-order. El disco es posible gracias a ellos porque eligen qué se graba y qué no, y además, lo costean por su cuenta y riesgo a cambio de cobrarse ciertos intereses.
No nos olvidemos de que en beneficio de la memoria colectiva, es necesario dejar constancia de lo sucedido a cualquier nivel -en este caso con el público como filtro-, y la música no es menos. Si no hay grabación -ya no es tanto por el disco en sí-, las canciones se vuelven totalmente efímeras y acaban desapareciendo. Esto, añade un plus a Nueva Monarquía, porque el filtro, el que hace que algo te llegue o no (informativos, emisoras de radio, todo tipo de prensa o empresas, todos con sus intereses económicos por delante), aquí lo pone el público; A Real Royal Democracy que dirían los anglosajones. Más justa, justificada, y necesaria, no puede ser la labor de esta gente.

Los toledanos Computadora (parte de nuestro PYE2011) son el primer fichaje de Nueva Monarquía y por lo tanto, la primera banda puesta bajo el ojo crítico del público para grabar y lanzar su disco. Tal vez sea ese el punto fuerte y a la vez flaco del proyecto -dicho desde el cariño, que ya sabemos que es un recién nacido, pero ya puestos a hacer crítica, pues hagámosla-. Rizando el rizo un poco más, podríamos esperar que primero de todo, el propio público tuviera un amplio catálogo donde elegir quién entra en el juego del crowdfunding y quién no. Aún así, todo apunta a que esta nueva monarquía se instaura para muchos años y evolucionará en esa dirección.
El vocabulario a emplear es ciertamente engañoso; aconsejamos tener cuidado y siempre prestar atención con cómo os cuentan, y os contamos, las cosas. Computadora no fichan por Nueva Monarquía, sino que unos y otros -siempre con el público- colaboran entre sí, y ese es el tema, esa es la senda. Ese es el nuevo paradigma. Que nadie os venga con ideas aparatosas, el nuevo mundo solo es un matiz, es el sitio al que vamos y no hacemos más que señalarte… No obstante, músicos, productores, managers, propietarios y demás rareas -pequeñas o grandes- a las que pertenezcáis, no hagáis nada por cambiar, seguid así, no os preocupéis por vuestro pan de cada día, si total, más se perdió en Miami.
















Pingback: Medios (7)